Quien diga que querer es fácil, se equivoca.
Cuando quieres de verdad a una persona lo notas, sientes que algo dentro de ti es diferente, que algo cambió, que cualquier tipo de sensación anterior es completamente distinta a ésa, que es especial, única, inigualable...
Pero como todo en la vida, no es color de rosa, y es que el querer está lleno de altibajos, uno tras otro, que se suceden en minúsculos intervalos de tiempo. En un segundo puedes sentirte feliz y al otro al borde del precipicio, sin saber qué hacer, llenando la habitación de lágrimas alternadas con risas tontas por estar pensando al mismo tiempo en su sonrisa o en cualquier tontería que te haya dicho ese día o la última vez que le viste. Y es que el querer es imprevisible, nunca sabes qué esperar, nunca sabes ni cuándo ni de dónde vendrá la estacada, o la mariposa revoloteando, o el puñal, o el cosquilleo... Sensaciones tan distintas y con un denominador común: quieres a esa persona, hasta el punto de perder el control de ti, de lo que sientes, de tus pensamientos, de tus actos... Hasta el punto en el que al sufrimiento, a las largas noches de desvelo, a las lágrimas derramadas, a los ataques de rabia... Siempre les sucede una tímida sonrisa por tener, aunque sea solo en un 0,0000001 por ciento, la sensación de que todo puede ser.
Pero como todo en la vida, no es color de rosa, y es que el querer está lleno de altibajos, uno tras otro, que se suceden en minúsculos intervalos de tiempo. En un segundo puedes sentirte feliz y al otro al borde del precipicio, sin saber qué hacer, llenando la habitación de lágrimas alternadas con risas tontas por estar pensando al mismo tiempo en su sonrisa o en cualquier tontería que te haya dicho ese día o la última vez que le viste. Y es que el querer es imprevisible, nunca sabes qué esperar, nunca sabes ni cuándo ni de dónde vendrá la estacada, o la mariposa revoloteando, o el puñal, o el cosquilleo... Sensaciones tan distintas y con un denominador común: quieres a esa persona, hasta el punto de perder el control de ti, de lo que sientes, de tus pensamientos, de tus actos... Hasta el punto en el que al sufrimiento, a las largas noches de desvelo, a las lágrimas derramadas, a los ataques de rabia... Siempre les sucede una tímida sonrisa por tener, aunque sea solo en un 0,0000001 por ciento, la sensación de que todo puede ser.

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