martes, 7 de octubre de 2014

We could be heroes.

Quien diga que querer es fácil, se equivoca.
Cuando quieres de verdad a una persona lo notas, sientes que algo dentro de ti es diferente, que algo cambió, que cualquier tipo de sensación anterior es completamente distinta a ésa, que es especial, única, inigualable...
Pero como todo en la vida, no es color de rosa, y es que el querer está lleno de altibajos, uno tras otro, que se suceden en minúsculos intervalos de tiempo. En un segundo puedes sentirte feliz y al otro al borde del precipicio, sin saber qué hacer, llenando la habitación de lágrimas alternadas con risas tontas por estar pensando al mismo tiempo en su sonrisa o en cualquier tontería que te haya dicho ese día o la última vez que le viste. Y es que el querer es imprevisible, nunca sabes qué esperar, nunca sabes ni cuándo ni de dónde vendrá la estacada, o la mariposa revoloteando, o el puñal, o el cosquilleo... Sensaciones tan distintas y con un denominador común: quieres a esa persona, hasta el punto de perder el control de ti, de lo que sientes, de tus pensamientos, de tus actos... Hasta el punto en el que al sufrimiento, a las largas noches de desvelo, a las lágrimas derramadas, a los ataques de rabia... Siempre les sucede una tímida sonrisa por tener, aunque sea solo en un 0,0000001 por ciento, la sensación de que todo puede ser.



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